La controversial figura de Marlon Brando posee amantes y detractores, sin embargo, es innegable que al igual que la historia universal, la interpretación se divide en antes y después de su legado, así lo afirmaba el director británico Michael Winner “Antes de Brando los actores interpretaban, después de él, los actores viven”.

Marlon Brando es el gran exponente de las técnicas de Stanislavski, Elia Kazan y Stella Adler, siendo uno de los primeros en deslumbrar a la audiencia con un tipo de interpretación realista. Durante los años 60’ el ruso Konstantin Stanislavski renovó la escena de la interpretación, creando el “realismo psicológico”, la primera técnica donde el actor deja de ser una maqueta para dar vida a personajes reales, a través de procesos físicos y psicológicos. Sus aportes y descubrimiento revolucionaron Hollywood, influenciando a Lee Strarberg y Elia Kazan fundadores del Actor Studio, donde hasta la actualidad, se imparte la técnica conocida como “El Método” y que modeló la interpretación de grandes actores como Al Pacino o Robert de Niro

Brando aprendió “El método” al ser dirigido por Elia Kazan, a quien consideraba uno de los mejores directores del mundo. Sin embargo, fue Stella Adler a quien reconoce como su verdadera mentora, afirmando que ella fue la responsable de transformar completamente la forma de interpretar en Hollywood.

“Estos actores son marcas predecibles de cereales para el desayuno”

Brando criticaba a los “actores de personalidad” como Katherine Cornell, Sarah Bernarhdt, Gary Cooper, Clark Gable o Humphrey Bogart, quienes no eran capaces de actuar y su éxito se debía sólo a una personalidad especial que los caracterizaba “Estos actores son marcas predecibles de cereales para el desayuno, productos de venta masiva con personalidades atractivas y seductoras que hacen todas las veces de sí mismos” afirmaba.

Cuando Brando apareció “En un tranvía llamado deseo” sus recursos físicos, sus miradas y las inflexiones del texto y voz revolucionaron la forma de interpretar, valiendole una nominación a los premios Oscar. Incluso en su primera película “The Man”, donde interpretó a un soldado parapléjico, el actor buscaba desesperadamente acercarse al realismo psicológico del personaje, por lo que decidió internarse en un centro de rehabilitación durante tres semanas.

Una de las claves de la interpretación para este actor era la curiosidad insaciable hacia las personas, la necesidad de saber qué piensan, qué sienten o qué los motiva. “Las motivaciones humanas me absorben completamente, solía sentarme en la cabina de teléfono de la tienda Optima Cigar de Broadway mirando a las personas que pasaban. Las veía durante tres segundos antes que desaparecieran, en ese tiempo estudiaba sus rostros, cómo balanceaban los brazos, la cabeza. Intentaba captar su historia, su empleo, si tenían problemas,  si eran casados. El rostro es un instrumento extraordinariamente sutil, creo que tiene 155 músculos: La interacción de dichos músculos puede esconder muchas cosas y la gente siempre está ocultando emociones” afirmaba.

El campo de trabajo de un actor, son sus propias emociones.

Para él, el campo de trabajo de un actor son sus propias emociones y la forma de acceder a ellas para recuperarlas y llevarlas al momento de la escena. Él creía que la interpretación no era sólo una forma exterior, sino un recorrido interior, por lo que una actuación sin vivencias, sin interior era completamente vacía. “Al actuar todo viene de lo que uno es, todos tenemos un espectro de emociones y la tarea del actor es elegir ese surtido de emociones y experiencias adecuadas para el personaje. Por medio de la práctica aprendí cómo ponerme en diferentes estados de ánimo pensando en cosas que me hacen reír, enojarme o entristecerme. Desarrollé una técnica mental que me permitía abordar ciertas partes de mí, seleccionar una emoción y enviar un impulso eléctrico desde mi cerebro a mi cuerpo para experimentar la emoción”.

Sin embargo, la actuación era un trabajo que lo cansaba, ya que el proceso de apagar y encender las luces de las emociones era demasiado agotador. “No es como apretar el interruptor de la luz y decir ahora voy a enojarme y a patear paredes y después volver a ser uno mismo”. afirmaba.

Un ejemplo de ello fue su trabajo en la película “El último Tango en París” que le exigió un gran desgaste emocional. “Nunca más iba a volver a destruirme emocionalmente para hacer un filme, sentía que había violentado mi yo más profundo y no quería sufrir así nunca más. No puedes aparentar el sufrimiento, tienes que encontrar algo en ti que te haga sentir dolor y debes mantenerte en ese estado de ánimo todo el día, ahorrando lo mejor para el primer plano. Tienes que forzarte para llegar a ese estado, permanecer en él, repetirlo toma tras toma, para que luego te digan, una hora después, que tienes que sacarlo todo de vuelta porque el director se olvidó de algo”.

Otro de los aspectos en los que hacía énfasis Brando era la espontaneidad del texto “ En la vida común las personas pocas veces saben lo que van a decir cuando expresan un pensamiento. Cuando buscan un pensamiento y las palabras que van a decir se ve en su rostro. Se detienen un instante para encontrar la expresión correcta, luego piensan cómo componer la frase y por último la dicen” y agregaba que “hasta antes de Stella Adler, los actores no eran consciente de la importancia de la espontaneidad para actuar y recitaban parlamentos como si fuese el estilo de una escuela de locución”.

Para Brando la interpretación está presente en todo lo vemos y hacemos en la vida “todo el mundo actúa para conseguir uno u otro objetivo”, por ello es un invento social necesario. “Lo usamos para proteger nuestros intereses, para sacar ventaja en todos los aspectos de nuestra vida, es un instinto, una habilidad presente en todos nosotros”.

Marlon Brando ha pasado a la historia del cine como uno de los mejores actores de todos los tiempos, ganador de dos Oscar, de personalidad controvertida, talento extraodinario, disciplinado y meticuloso. Uno de los mayores aportes de Brando a la interpretación es su pasión, el trabajo constante, la creación de personajes realistas, sus investigaciones sobre la psicología de las personas y su búsqueda incansable por una interpretación de verdad y orgánica.