Las antiguas escrituras védicas cuentan que Krishna logró enamorar a la pastora Radha a través del sonido mágico del Bansuri. Flauta que según estas creencias, nació del dulce soplido del viento en los agujeros de las cañas de bambú que hacían los insectos al comerlos, desde ahí surgió entonces un hermoso sonido que llenó el espacio e inspiró al hombre a crear este instrumento.


En busca de encontrar algún rastro de este mítico sonido, las angostas calles del viejo Barrio Concha y Toro en Santiago de Chile nos condujeron al interior de una antigua casona, donde aguardaba a nuestra espera un hombre de cabellera blanca amarrada en forma de cola, que con una amable sonrisa y una admirable calma se dispuso a revelarnos el código oculto de la flauta hindú.

Sentados en un sillón de cuerina comenzamos la conversación, mientras pasaba más de algún joven saludando: ¿Cómo está “profe”? ¿Cómo le va maestro? a lo que el aludido maestro respondía con su característica sonrisa.

Varios años lleva como profesor en la escuela de la SCD (Sociedad Chilena del Derecho de Autor) Tomás Thayer, licenciado en música de la Universidad de Chile e interprete de flauta traversa, quien cuenta que hace años, un inesperado regalo le permitió cambiar el curso de su vida artística.

“La Gran Sorpresa”


“Llegué por intuición hace 20 años, a través de Millapol Gajardo quien venía llegando de la India y me mostró la flauta hindú, lo que coincidió con un periodo de búsqueda personal, que se reafirmó al conocer esta música” comenta Thayer, explicando a la vez como cambió la flauta traversa por el Bansuri.

Ocho años de estudio de la mano Millapol, pionero en cultivar esta música en nuestro país, no bastaron para que Thayer se convenciera completamente que este era su nuevo camino. “Abandoné la música de la India, y toda en general por un buen tiempo, debido a que dejé de encontrarle el sentido. Y me pregunté: ¿Un chileno haciendo música hindú? No le encontraba la respuesta, ni tampoco estaba dispuesto a ser el monito que se pone un traje y toca algo que el mundo encuentra cool o novedoso y entonces me desconecté…”

Hasta que un hecho sorpresivo lo haría reafirmar su nuevo camino; un músico de tabla hindú lo llamó para producir un evento de este tipo en nuestro país y ambos acordaron invitar a un flautista destacado a nivel mundial. “Fue así como conocí Gurbachan Singh Sachdev, quien me regaló de sus manos un Bansuri, él me escuchó tocar y me dijo: “Tu puedes estudiar, estudia quince años y vas a poder tocar”, con esas palabras que venían de un maestro reconocido en el mundo yo no podía ser tan tonto y comencé a estudiar…”

Desde aquel episodio han pasado doce años, en los que el estudio de esta disciplina se ha transformado en un avance personal. “Una vez al año me junto con Sachdev, grabo todas las clases y armamos una metodología de trabajo personal. Ha ocurrido algo interesante, se me despertó un sentido musical hindú que aún está en desarrollo, pero si uno sigue profundizándolo y perfeccionándose, puede conseguir transmitir cualquier posibilidad de emoción al interpretar el Bansuri”.

La Voluntad, El Fuego Del Intelecto


“La música hindú es melódica mientras que la occidental es armónica, esa es la diferencia fundamental del punto de vista técnico. Pero existe otra diferencia importante, en la música occidental el compositor, intérprete y auditor son tres protagonistas. En cambio, en la música hindú el compositor y el intérprete son la misma persona” explica Tomás al ser preguntado por las diferencias entre ambos tipos. Según Thayer la música hindú es un 80% de improvisación y se compone de ragas; composiciones de sonidos que evocan emociones en el auditor y en el compositor-interprete. “Estos ragas son milenarios y uno al conocerlos improvisa sobre ellos, mientras se va interiorizando poco a poco hasta desarrollar cada vez más el sentimiento que se transmite. Es por eso que se dice que es una música que nunca para, porque al perfeccionar los ragas a lo largo de la vida, cada vez lo vas tocando mejor y por ende proyectando más e infinitos sentimientos…”

Los ragas están establecidos como una colección de sonidos que se tocan a una hora específica y para sentimientos determinados, los que siempre están ligados por la devoción. “Se entiende entonces que cuando el músico toca tiene que haber voluntad en lo que toca, si no es así, solo va a estar el sonido y no ese fuego del intelecto que busca imprimir la emoción. Si yo tomo la flauta y empiezo a improvisar tres ragas, no voy a transmitir nada sin voluntad, es por ello que tengo que conocer e interiorizarme lentamente en esas emociones”.

Tomás advierte: “Cuando uno estudia música hindú tiene que olvidarse de cualquier concepto occidental, lo fundamental es que la música es melódica y se le imprime una voluntad. Hay músicos que son más religiosos, pero en el minuto que tú estas ahí tocando tienes que conectarte, si no te conectas no tocas nada o no transmites nada, puedes tocar una hora y no pasa nada, tiene que haber una conexión con el raga”.

Dentro de la música de la India existen diferencias históricas y de influencia según la zona. La música del norte se vio afectada por la invasión de Pakistán, por lo que se nota su influencia musulmana, al dejar de ser netamente una música devocional para transformarse en un goce estético de los monarcas. En cambio, al sur de la India la música está más ligada a la danza debido al mito que habla sobre Barata, quien escribió el “Natya Sastrase”, libro que guarda todos los secretos de la danza y la música revelados por Shiva.

“Dentro de las diferencias técnicas entre el sur y el norte de la India se encuentra el sistema rítmico. En el sur la música se asocia a otras artes como la danza y en el norte se desarrolla el raga directamente hacia los instrumentos y el canto. Los buenos músicos de tabla también desarrollan el canto, el tablista toca lo que está pensando, lo que está diciendo su mente. La música melódica es la imitación del canto, es decir, yo no toco flauta sino imito el canto y ahí nuevamente aparece la idea de la voluntad. Cuando uno canta lo hace con mucho más sentimiento, entonces cuando uno toca un instrumento no está leyendo una partitura o tocando notas, sino, que está cantando”

La Sanación Del Alma Por Medio Del Sonido


“El hecho de darme la oportunidad y darle la oportunidad a otros que me escuchen y vean como me conecto o desconecto de mi personalidad, es una gracia y una práctica de la meditación”, afirma Tomás y agrega que la música hindú es conocida como “Nada Yoga”, debido a que es más que un arte que se estudia, es una práctica que conecta la mente con algo más allá. “Esta música me ha influido en descubrir lo maravillosa que es toda la naturaleza humana a través de su práctica y no de su estudio. Nunca me preocupé de estudiar ragas específicos o ver cuál pertenecía a algún tipo de emoción o si uno de ellos me podía curar el cáncer o la vista, ya que muchos buscan sanar a través de esta música. Simplemente lo practiqué y me di cuenta que me sanaba y tranquilizaba al igual que a otras personas”.

De esta forma nació “La Música del Bambú” un disco que ha logrado llegar a la gente, entregándole grandes satisfacciones. “La gente me pregunta como lo grabé, yo solamente hice algo en el orden que me gusta musicalmente hablando. Ahora, leyendo un libro del Dalai Lama, me hizo asunto algo que decía: Una de las formas de iluminación es la música hindú o el yoga a través del sonido”, ante esta frase Thayer explica inmediatamente: “No es que yo me esté iluminando ni mucho menos, pero a lo mejor la iluminación tampoco se trata de ser un hombre milagroso, sino, de una conexión con algo más allá. Siento que cuando toco me conecto con el cosmos, con las demás personas, y es la práctica la que habla por mí”.

Tomás es claro en enfatizar que es difícil comprender esto bajo la teoría o una conversación, sino que la clave está en verlo o más bien vivirlo. “Yo en una entrevista te cuento el fenómeno que veo, pero lo interesante es verme tocando, ahí el ego queda fuera de ti y quedas transparente frente a la naturaleza, transparente a recibir y a no hacer juicios. Qué puedo decir, en ese sentido me ha trabajado la música hindú a mí, porque el hecho de tocarla y practicarla me ha abierto canales de percepción y de sensibilidad, además de poder conocer personas maravillosas”.

Una prueba de ello es la oportunidad que tuvo de compartir con el Dalai Lama quien cuando vino a nuestro país invitó a participar a algunos músicos en su concierto. “Fue maravilloso, tuve la oportunidad de tocar para él, para una persona que sólo irradiaba paz y amor”. Finalmente, Thayer sintetiza una especie de definición de la música hindú y de lo que ésta ha significado en su vida. “La música clásica de la India es una técnica del yoga, la que al ser practicada constantemente permite conectarse mucho más, y va desarrollando tu voluntad musical o tu conciencia. Y sin darte cuenta te da la posibilidad de verte a ti mismo con mayor claridad”.